La consecuencia del trato humanitario es el Bienestar Animal, definido básicamente como “un estado en el cual el animal como individuo, está capacitado para intentar enfrentarse con su medio ambiente”(Broom, 1986).
El Bienestar Animal se apoya en 5 necesidades primarias de los animales a ser respetadas y cumplidas por los responsables del cuidado de los mismos, quienes deben y evitar que pasen hambre y sed impedir que sufran malestar físico y dolor evitar que padezcan heridas y enfermedades procurar que no sufran miedo y angustia y favorecer la expresión de las conductas naturales propias de la especie, género y edad.
En este plano, es del caso traer aquí algunas reflexiones de hombres de ilustre pensamiento como aquella que sostiene que no importa que los animales no sean capaces de pensar, lo que importa es que son capaces de sufrir (Jeremy Bentham) o que “la grandeza de una nación y su progreso moral, se puede juzgar de acuerdo al tratamiento que reciben los animales” (Mahatma Gandhi).
Así, cada vez con mayor énfasis se reclama socialmente para todos los animales el derecho a una calidad de vida digna, que incluya un trato humanitario.
Bienestar Animal en producción es una condición ideal, resultado de la aplicación de normas específicas, adecuadas y posibles, sobre los sistemas y procesos involucrados a lo largo de toda la cadena productiva, que permiten a los animales vivir en las mejores condiciones posibles, sin padecer sufrimientos físicos o psíquicos innecesarios.
Para todos los animales y en especial para aquellos cuyo destino será servir de fuente de alimentos al hombre, se intensifica el compromiso ético de brindarles a lo largo de su vida productiva las mejores condiciones posibles de hábitat, sanidad, manejo, alimentación y cuidados.
Además de una demanda ética insoslayable, son importantes las implicancias sanitarias que el Bienestar Animal tiene sobre la salud animal y, por ende, sobre la humana. Leah Garces, Directora de Campañas de WSPA (Sociedad Mundial para la Protección de los Animales) y coautora del reporte “Cría intensiva de animales de granja – ¿la próxima crisis mundial en salud?”, presentado ante el Foro Mundial sobre Investigación en Salud, de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en México D.F., sostuvo: “Hay demasiado en riesgo si dejamos pasar de lado el asunto del bienestar y salud de los animales que criamos para consumo. Las prácticas intensivas -que se han convertido en un tema creciente de controversia y objetos de nueva legislación en EEUU Canadá y Europa- están siendo exportadas al resto del mundo. Esto tiene como consecuencia un trato poco humanitario y cargado de sufrimiento para los animales de granja, así como representa un riesgo cada vez mayor de enfermedades tanto para animales como para humanos. Necesitamos detener esta crueldad cuanto antes para sostener la lucha por la prevención de futuras propagaciones.”
Es por ello que la OIE –Oficina Internacional de Epizootias-, conociendo el impacto que genera el Bienestar Animal, está liderando el desarrollo de estrategias y políticas activas destinadas a difundir los beneficios que trae aparejado el tratamiento humanitario de los animales de producción.
No es menos importante la participación del Bienestar Animal como atributo de calidad que permite lograr productos diferenciados con franjas de consumo interesantes en el mercado interno e internacional. El Bienestar Animal es tema de debate dentro de los organismos multilaterales de comercio (DG Trade-WTO) en los cuales, inapropiadamente, bloques económicos importantes pretenden valerse de las implicancias éticas del Bienestar Animal, promoviendo, su inserción dentro de la multifuncionalidad de la agricultura con un solapado propósito “proteccionista arancelario” de sus mercados y no con un sentido “proteccionista humanitario de las especies productivas”, pretendiendo imponer a países como el nuestro una cultura humanitaria que ellos no respetan en sus propios sistemas productivos, y que ha dado origen a una diversidad de enfermedades, (BSE), con implicancias graves para la salud humana y animal, sin desmedro de las consecuencias políticas, económicas y sociales que trae aparejadas.
La multifuncionalidad de la agricultura, entendiendo por esto la función productiva de alimentos y materias primas, la función ambiental -mediante la protección del medio ambiente y de los recursos naturales- y la función territorial que posibilita la perduración del entramado económico y social nunca ha sido un tema menor para nuestro país, que siempre ha adoptado políticas activas a favor de su desarrollo, a la luz de los nuevos avances científicos, sin imponer sus prácticas a terceros países.
Esta ley demuestra que la República Argentina no es ajena a la consideración de una política nacional, generada sin presiones foráneas, dirigida a respetar y hacer respetar el trato humanitario para con los animales.
Es una verdad a todas luces que, más allá de algunas prácticas cuestionables vinculadas al acervo cultural -que deben ser adecuadas a los nuevos tiempos- está siempre presente en la voluntad de los productores, como así también en el resto de los eslabones de la cadena productiva, la disposición de evitar el sufrimiento innecesario a las especies animales, que son su fuente de recursos.
En términos económicos, los más de 10 millones de euros invertidos en la última década por la UE en proyectos de investigación relacionados con el bienestar en producción animal, evidencian la importancia de este tema.
Eso no sorprende si tenemos en cuenta que en los Estados Unidos la pérdida estimada en la industria de la carne, por diversos aspectos vinculados al Bienestar Animal, es superior a los US$ 120 millones anuales. En Brasil esa suma alcanza casi los US$ 200 millones, y en Uruguay es de aproximadamente US$ 60 millones.
Contusiones, laceraciones, abscesos, hematomas y reacciones cicatriciales son los principales responsables de dichas pérdidas, originadas en prácticas alejadas de los principios de bienestar en producción animal.
En nuestro país todavía no se cuenta con estimaciones oficiales de este tipo. Sin embargo, el sector privado ha efectuado análisis que revelan daños como los mencionados anteriormente, producidos por lesiones en diversas regiones del cuerpo a causa del maltrato y el manejo inadecuado en las etapas de producción, transporte, comercialización y faena, que afectan la calidad de la carne y el cuero. Otras mermas económicas se manifiestan como consecuencia de la pérdida de calidad de la carne producida cuando existen factores de estrés antes del sacrificio que, dependiendo de su intensidad y duración, dan por resultado o bien un tipo de carne denominada PSE (en inglés: pálida blanda y exudativa), o DFD (en inglés: seca, dura y obscura).
En la UE, alcanzar altos estándares en lo que se refiere a Bienestar Animal, implicaría un cambio tan profundo en su forma de producir, que dejaría fuera de mercado a gran parte de sus industrias. En nuestro país, el medio favorece las rutinas productivas necesarias para lograr una diferenciación de nuestros productos de origen animal. Por ello se hace propicio crear una política y un marco legal que fomente y premie las prácticas de trato humanitario de animales en producción, que traen como consecuencia el bienestar en producción animal, promoviéndolo como un atributo de calidad, dándole a los actores de cada etapa de la cadena que cumplan con todos los preceptos necesarios, la posibilidad de diferenciarse de los que no lo hacen, tanto en el mercado interno como en el internacional, en el que tenemos amplias ventajas comparativas y competitivas. |